Ferreiros de

Mazonovo

Forja tradicional en el siglo XXI

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Un grupo de herreros en activo trabajamos por mantener vivo nuestro oficio y su historia en un taller de forja con mazo hidráulico del siglo XVIII en la región asturiana de Los Oscos

      


El mazo




El mazo de Mazonovo, situado en la aldea del mismo nombre en uno de los valles de Santa Eulalia de Oscos, es un conjunto de mazo hidráulico y taller de forja que data del siglo XVIII.

Durante siglos estos ingenios hidráulicos aprovecharon la fuerza de los ríos para poner en marcha sus mecanismos, que movían enormes y pesados martillos (114 kg en este caso; pero que podían llegar a alcanzar los 500 kg en las ferrerías). Estos permitían transformar los tochos (lingotes de hierro) en láminas, y comenzar a dar forma a los utensilios y objetos que después serían terminados manualmente, lo que suponía un gran ahorro de tiempo y esfuerzo en una época en la que todo se realizaba de forma artesana.


Con la industialización del sector a finales del XIX y comienzos del XX empezó el declive de la herrería tradicional en las zonas rurales, que había acompañado el desarrollo de estas desde tiempos inmemoriales. Las fraguas y mazos se abandonaron, la transmisión de conocimientos se truncó y cada vez fueron quedando menos depositarios de este oficio, que había dado forma y sentido a muchas regiones como la de Oscos-Eo.

Y es aquí donde reside la singularidad e importancia del mazo de Mazonovo: se trata de un edificio que ha llegado hasta nosotros en un estado de conservación excelente. Es una ventana al pasado que nos permite entender un poco mejor la forma de vida de nuestros antepasados: un pedazito de nuestras raíces.


También se trata de uno de los últimos mazos hidráulicos que quedan en activo en toda Europa, pues más allá de estar abierto al público y servir como museo es usado diariamente por los herreros para la elaboración de sus piezas. Este uso, junto al mantenimiento diario que llevan a cabo, permite que el edificio y la delicada maquinaria que alberga se conserven y se mantengan funcionales, evitando la decadencia y ruina que ha sobrevenido a otros edificios similares.

Así, a través de nuestro oficio, ayudamos a conservar la historia y la memoria.